La Taberna del Berraco
Cuestiones poco importantes y patatas fritas.
miércoles, junio 29, 2011
Despedida y cierre
Las cosas por lo general siempre acaban de esta forma, con poca fanfarria y menos importancia, así que mis ideas seguirán en mi cabeza mientras esta siga en mis hombros, que a estas alturas ya es mucho.
¡Larga vida y próspero año nuevo!
martes, junio 07, 2011
To Be Or Not To Be
To Be, Or Not To Be (Spoken by Hamlet, Act 3 Scene 1)
To be, or not to be: that is the question:
Whether 'tis nobler in the mind to suffer
The slings and arrows of outrageous fortune,
Or to take arms against a sea of troubles,
And by opposing end them? To die: to sleep;
No more; and by a sleep to say we end
The heart-ache and the thousand natural shocks
That flesh is heir to, 'tis a consummation
Devoutly to be wish'd. To die, to sleep;
To sleep: perchance to dream: ay, there's the rub;
For in that sleep of death what dreams may come
When we have shuffled off this mortal coil,
Must give us pause: there's the respect
That makes calamity of so long life;
For who would bear the whips and scorns of time,
The oppressor's wrong, the proud man's contumely,
The pangs of despised love, the law's delay,
The insolence of office and the spurns
That patient merit of the unworthy takes,
When he himself might his quietus make
With a bare bodkin? who would fardels bear,
To grunt and sweat under a weary life,
But that the dread of something after death,
The undiscover'd country from whose bourn
No traveller returns, puzzles the will
And makes us rather bear those ills we have
Than fly to others that we know not of?
Thus conscience does make cowards of us all;
And thus the native hue of resolution
Is sicklied o'er with the pale cast of thought,
And enterprises of great pith and moment
With this regard their currents turn awry,
And lose the name of action.--Soft you now!
The fair Ophelia! Nymph, in thy orisons
Be all my sins remember'd.
"To Be Or Not To Be" Soliloquy Translation:
The question for him was whether to continue to exist or not - whether it was more noble to suffer the slings and arrows of an unbearable situation, or to declare war on the sea of troubles that afflict one, and by opposing them, end them. To die. He pondered the prospect. To sleep - as simple as that. And with that sleep we end the heartaches and the thousand natural miseries that human beings have to endure. It's an end that we would all ardently hope for. To die. To sleep. To sleep. Perhaps to dream. Yes, that was the problem, because in that sleep of death the dreams we might have when we have shed this mortal body must make us pause. That's the consideration that creates the calamity of such a long life. Because, who would tolerate the whips and scorns of time; the tyrant's offences against us; the contempt of proud men; the pain of rejected love; the insolence of officious authority; and the advantage that the worst people take of the best, when one could just release oneself with a naked blade? Who would carry this load, sweating and grunting under the burden of a weary life if it weren't for the dread of the after life - that unexplored country from whose border no traveler returns? That's the thing that confounds us and makes us put up with those evils that we know rather than hurry to others that we don't know about. So thinking about it makes cowards of us all, and it follows that the first impulse to end our life is obscured by reflecting on it. And great and important plans are diluted to the point where we don't do anything.
lunes, diciembre 20, 2010
Al final lo han conseguido
Pero el plato fuerte de verdad fue con la llegada de Warcraft II: Tides of Darkness. Con una versión pirata, posiblemente un spawn estupendo que petaba cada dos por tres, fue tal la calada emocional que tuvo este juego en mi que aunque reventaba a la mímina, fue el juego que sin duda más he llegado a jugar y repetir una y otra vez. Creo que hasta aprendí inglés gracias a él. Además, de solo jugar con orcos y humanos a hacerlo con orcos, humanos, trolls, ogros, goblins, elfos y gnomos distaba muchos y en aquel entonces mi furor por el señor de los anillos estaba en auge.
Con el paso del tiempo y un poco de dinero, conseguí comprarme el original a los 16 años después de un verano de duro esfuerzo y su expansión, la durísima Warcraft II: Beyond the Dark Portal, que ampliaba la historia hasta límites insospechados y añadía el perfil del héroe, que por aquel entonces no era más que una unidad con voz diferente, un retrato más chulo y mejores estadísiticas que su unidad homónima normal, pero ya le añadía un cierto toque de gracia. Ver a Alleria destruir de dos o tres disparos una torreta orca, a Grom acabar él solo con 3 caballeros u ogros (durísimos) con su voz de sierra o la pipa de Khadgar y su voz de noble inglés cazallero era muy divertido y emocionante. Eso si, la traducción y el doblaje es de lo más infame que he llegado a escuchar y por eso me compré el juego y me bajé el archivo de audio en inglés. Los caballeros que guardaban a los elfos temblaban por su culo y el de sus monturas, y con motivo; o la voz de Choni que le habían puesto a la pobre Alleria, que tenía una voz en inglés de lo más molona, por poner un ejemplo.
Pasaron 5 años de los cuales los 3 primeros no escuché noticia alguna de una trecera saga, pequeño detalle se solucionó cuando me dio por conectarme a la pagina de Blizzard cuando estaba en bachillerato y descubrí la noticia de la 3a entrega. No me lo podía creer, casi grito de emoción. Automáticamente cada vez que iba al aula de informática visitaba la página devorando toda la información que podía sobre el juego y bajándome imágenes en un cutre-módem de 28K que fallaba más que una escopeta de feria. Hasta que el juego salió.
Pocos juegos me he comprado en el momento en que han salido, pero casi todos los de Blizzard si, me da igual pagar 50 euros por el juego porque creo que lo merece. Warcraft III: Reign of Chaos fue sublime para mí. No llegó a la explosión de fanatismo de su predecesor pero cuando uno de tus universos preferidos de fantasía adquiere un ascenso brutal de transfondo la dicha aumenta en la misma proporción. ¡Era como jugar una novela de fantasía! Otra cosa que hizo mucho fueron los elfos nocturnos, esos elfos ferales que siempre había querido ver: altos, fuertes y salvajes en gran medida. Lástima que los aplacasen un poco después, la idea inicial de algo salvaje y feral me atraía bastante. Eran como una mezcla de Conan, los Noldor y los elfos típicos de todas las novelas actuales de fantasía. Además, esta vez la traducción era decente y el doble aceptable. Nunca más un troll afónico, un paladín con voz de quinceañero o una arquera legendaria con la voz de poligonera, por Grom.
Mientras disfruté del juego largo tiempo, sacaron la expansión de Warcraft III: The Frozen Throne. Debo reconocer que si bien la expansión me pareció una maravilla, me cansé un poco de la mecánica del juego, quisiendo saber de cualquier manera la historia de cada facción. También fue un momento en el que introdujeron mi héroe favorito de todos los que hay en el juego, la warden. No es que me entusiasme su engorrosa armadura, pero su manera de reventar a la gente entrando y saliendo del combate es lo puto mejor. Así de simple.
Después la saga de Warcraft, tengo que reconocer, que fue dejada de lado por otros juegos y el descubrimiento de los juegos de rol (en concreto mi época de Mundo de Tinieblas fue la causante en gran parte), sin duda uno de los hitos más gordos en mi vida y una de mis principales aficiones hoy en día.
Después llegó el nuevo juego del Warcraft. Creo que todos lo conoceréis a estas alturas: World of Warcraft o más comunmente conocido como WoW. Os puedo decir que al principio leí la noticia del nuevo juego con el aliento contenido pero al leer que iba a ser un juego on-line exclusivamente, como por aquel entonces no tenía internet, pues me echó bastante para atrás. Posteriormente, Sword & Sorcery sacó una edición de D&D 3ª edición que me hizo volver loco. ¡Rol en uno de mis sagas de fantasía preferidas! Fue bajármelo y empezar a devorar transfondo del juego... y no podía parar. Después, en el lanzamiento del WoW, descubrí que aquello entrañaba un gran riesgo para mi futuro academico, cosa que confirmó primero la tarde que Vicenç, que sí lo tenía y en un portatil además, me dejó jugar un rato, y segundo la muerte académica de otro amigo. Esto último me echó para atrás de tal manera, junto con el hecho que no tenía internet y que se tenía que pagar cada més y no tenía dinero por aquel entonces, que permanecí firme e incólume durante casi 5 largos años, eso sí, alimentando mi ansia de transfondo con los juegos de rol que sacaron (una nueva edición por parte del mismo estudio) y las novelas y cómics (algunas de ellas una verdadera mierda, hay que reconocer). ¡Incluso llegué a dirigir una partida de D&D 3.5 ambientada en el mundo de Azeroth! Que como siempre pasa, pasó a mejor vida en la tercera sesión de juego.
Después de esto, mi atención se volcó en otras cosas, como por ejemplo, una maravillosa y épica campaña de 2ª edición de D&D, acabar la carrera y encontrar trabajo y pareja (todo de golpe). Pero hete aquí que el destino me tenía reservada otro evento para mí.
Hace cosa de 2 meses que alguien me sugirió un servidor privado de WoW: WoWCore en el cual no se paga ni un duro y, claro, el destino vio su oportunidad y decidí probar. Me gustó el juego, tanto que decidí suscribirme al oficial y dejar de morir cada dos por tres y que el juego tuviera fallos no graves, pero sí molestos, así que aquí estoy, con el personaje que quise hacerme desde siempre en el juego y con ganas de jugar, mesura para no volverme loco y hacer otras cosas y dinero para disfrutar.
Grom todavía se está riendo de mí.
martes, noviembre 30, 2010
¡Lo entiendo!
Pero aún queda mucho camino, mi joven padawan... Eso es lo que diría Obi Wan si alguien no lo hubiera matado (Si, Lucas, te miro a ti y tu ansia de reinvención. ¡Maldito!)
Me voy a seguir currando.
lunes, noviembre 29, 2010
Ligaduras
El poder de los nombres y las palabras es grande, pero mayor es el poder de la esencia de las cosas. Los nombres descubren esas esencias y las hacen visibles a nuestras inteligencias, limitadas a nuestra percepción. Definir a algo con un nombre es sencillamente una tarea titánica y en muchos casos futil, pues solo estará ligado a nuestra percepción de nuestro entorno.
Nostros lo supimos y por ello ya no usamos nombres apenas. Los nombres limitan nuestro poder y nuestra meta final quedaba relegada a meras crónicas en el espacio de tiempo que nuestras fugaces vidas sostienen, cuyo espacio entre líneas augura un mayor universo del que sus palabras describen.
Pero esto también entraña peligros. El poder de definir las cosas sin palabras entraña el peligro de perderse en un mar de cosas por definir y por ende, perder la capacidad de definir cosas, usando solo lo que uno experimenta y convirtiéndose en un mero receptáculo del poder absoluto, un expectador que todo lo comprende pero que nada puede hacer.
Ligamos sucesos y sensaciones a palabras y desarrollamos su esencia. Las palabras para nosotros son el ancla a la definición del mundo y nuestro eje de acción para ejercer el verdadero poder. Son usadas con cuidado y con mesura, pues un abuso desataría la pérdida de la percepción de dicho poder.
Definid una palabra, contempladla y sentir todo lo que ella emana, ancladla y cread un mundo a su alrededor. Doblegaréis el mismo tejido de la creación a vuestra voluntad, a vuestra soberanía.
martes, agosto 17, 2010
La saga de Geralt de Rivia
La saga de Geralt de Rivia. Por Andrzej Sapkowski
1. El últmo deseo
2. La espada del destino
3. La sangre de los elfos
4. Tiempo de odio
5. Bautismo de fuego
6. La Torre de la Golondrina
7. La dama del lago I
8. La dama del lago II
Para mi la saga de Geralt se ha convertido en La Saga, así, con mayúsculas. Lo ha hecho porque me gustan sus personajes, me gustan las situaciones que plantea, los dilemas morales que tienen, la humanidad que desprenden, y cuando quiero decir humanidad me refiero tanto a lo bueno como a lo malo: se equivocan y son capaces de cosas agradables y cosas desagradables, no tienen un patrón de blanco o negro y eso impregna toda la historia. Me gusta el enfoque de época medieval realista con magia y monstruos, del avance de la ciencia y la razón sobre las supersticiones y la magia, como si de una edad oscura se tratase; las intrigas de corte, las despiadadas tramas de los poderosos, la miseria y la maldad humanas, el odio a lo diferente y a lo desconocido y de como refleja esto nuestra sociedad muchas veces. Me agrada el tono cínico y desvergonzado en que se narra, el humor con mala leche y la mezcla de lenguaje culto y soez por todos lados. Me encanta la profundidad que poseen todos y cada uno de los personajes, sean importantes o no. Eso les hace parecer reales. Y muchas cosas más que se me olvidan.
Creo que lo que hace de esta saga mi preferida es la mezcla de buenos personajes, su tono y estilo narrativo y el mundo que se describe. Es un mundo lo más parecido que podría imaginar a una edad media real con magia y criaturas fantásticas. Definitivamente hay algo en esta saga que hace que me apetezca releerla de nuevo al cabo de un tiempo sin cansarme de ella y eso es todo un logro.
Perdiendo el tiempo
En unos días actualizo con un post que le debo a este blog desde hace mucho.
martes, marzo 23, 2010
Kevin Smith
Son pelis cojonudas, pelis con colegas y de las cosas que les pasan, sin complejos ni gilipolleces, siempre son un drama pero siempre te ríes en mayor o menor medida con los guiños a otras cosas, las coñas, las situaciones chungas que hacen que te descojones, el omnipresente star wars, los chistes de pollas y el humor de caca. Pelis de colegas en definitiva, pero también hay algo que me gusta de las pelis de Kevin Smith es que retrata a un grupo de gente bien avenida, que son familia u otro tipo de relación, y que pese a que sean muchas veces estrafalarios, son gente sencilla en el fondo que, como dicen el Zombie Land, hace que te sientas en el hogar porque el hogar es el sitio donde uno está realmente a gusto. En mi opinión, es la parte sencilla y sin complejos que me gusta de los yankees: el colega que se parte el culo en tu cara al día siguiente sobre la mierda que pillaste la última noche y de cómo le vomitaste encima a la chica que te molaba, pero que luego te recoge y te lleva a casa aunque estuvieras toda la noche llorando por ello y acabó hasta la polla de tí. Sus pelis hablan de cosas aunténticas, como dirían muchos.
También, por supuesto, hablan de amor. Todas las pelis de Kevin Smith tienen como uno de sus temas principales el amor, si bien es amor un poco peliculero, con sus giros, aventuras, desventuras y el prota que se da cuenta de en realidad todo lo que necesita ya lo tiene o que acaba volviendo con su novia después de que ella rompa con él de forma dramática. Esto puede gustar más o menos, pero a mi al menos me gusta y no lo haría si la peli fuera siempre así, pero está claro que Kevin Smith sabe mezclar todas estas cosas para que resulte algo muy cercano y terriblemente divertido, con una moraleja al final que si quieres la tomas y si no la dejas. Son los valores que tanto les gustan a los estadounidenses pero sin toda la mierda puritana y políticamente correcta. Son solo, eso, valores sencillos para hacernos sentir mejor.
El museo del Prado
Volviendo a lo que nos ocupa, entramos el sábado por la mañana. Me llamó la atención que no había tanta gente como cabría esperar de un museo como éste (NOTA MENTAL: es decir, podías andar si acuchillar a nadie por meterte el codo en la boca y estar hasta los cojones de ello). Entramos sin más y después de recoger el plano de rigor, nos adentramos en las salas de exposición armados con la curiosidad y las ganas de pasar un rato diferente. Mi sorpresa fue gradual a medida que veíamos los cuadros expuestos, todos los que vimos entre el los siglos XV y XVII y algunos casos del s. XIII y del XIX, al contemplar algunas joyas como las Meninas, el Jardín de las Delicias (el Bosco debió ser un gran consumidor de peyote, opio y todo lo que se le pusiera por delante) algunos cuadros de Goya como los Fusilamientos del 2 de Mayo, algunas pinturas de Rafael y algunos que mi mala memoria no deja que me acuerde de ellos. De entre todos quizás los que más me gustaron son las obras de Velázquez (los retratos de enanos, las Meninas con sus juegos de vistas, etc.) y en Barroco en general, con sus claroscuros y su realismo (los Borrachos me hizo mucha gracia), aunque tengan un problema con los caballos culones como dice cierta majestad del frío. También me llamó mucho la atención la pintura del siglo XVIII y XIX que vimos fugazmente, tremendamente realista y con mucha fuerza, casi parece que vayan a salir del cuadro y te vayan a preguntar que coño miras. El Caballero del a Mano en el pecho y el precursor de los gestos trekkies, el Greco, con sus figuras estilizadas y un tanto inquietantes.
Pero como todo al final, uno se cansa y mi persona es saturable en temas de museos y exposiciones y al cabo de casi 2 horas decidimos que lo dejaríamos para otros días y futuras exposiciones. Acabamos un poco hartos de retratos reales pero las joyas del museo merecen la pena el esfuerzo.
Como datos curiosos y que me sorprendieron de manera agradable:
- Nada de cámaras de ningún tipo. Supongo que obra de los trabajadores del museo
- La pulcritud de modales de la gente. Nada de gritos, ni empujones, ni pisotones, todo respeto y buen rollo; se nota que la gente iba a ver arte y no a pasar el rato sin saber que hacer y comentar tonterías mientras se quedan en medio del pasillo o tapan la vista de un cuadro. Quizás también tenga que ver que mucha gente era extrangera y había venido a lo que había venido.
- Los precios populares. Si eres menor de 18 o mayor de 65, no pagas nada por entrar. Si estás en paro tampoco, siempre y cuando lleves el carnet de paro del INEM. Con el carnet joven o si eres estudiante menor de 26, pagas la mitad. Con pase de temporada tambien pagas la mitad y para grupos hay tarifas especiales. Si estás en Madrid y no vas, es porque no quieres. Nunca había visto tantas facilidades para entrar en un museo tan famoso. Lo siento por lo que no caigáis en ninguna de estas categorías.
En resumen, vale la pena ir al menos una vez y no intentéis pegaros el hinchón en un día porque a menos que os vuelva locos el arte, acabas hasta las narices de tanto cuadro.